La autovía catódica
Por Dani López.- 'Águila Roja', 'Los Simpson', 'Amar en tiempos revueltos', Matías Prats, Lola Herrera y Ana Rosa Quintana han sido algunos de los galardonados este martes con un TP de Oro.
Recibir un premio siempre resulta gratificante, aunque los TP de Oro se han ido devaluando con el tiempo hasta tal punto que ninguna cadena de televisión ha querido retransmitirlos este año.
La revista decana de la televisión en España, 'Teleprograma', creó sus premios a principios de los 70 para reconocer la popularidad de los profesionales de la pequeña pantalla.
Con la llegada de las televisiones privadas comenzó su momento álgido. La sobriedad dio paso a coloridas galas trufadas de actuaciones musicales, luz y energía. Los TP Oro eran el premio más cotizado en la industria.
Pero los organizadores no supieron aprovechar del todo la fama y el brillo que estaban logrando. La contraprogramación, que tanto daño hizo a las revistas del sector, y su falta de reacción, les llevaron a perder terreno en un momento en que empezaban a surgir otros galardones.
Sus categorías comenzaron a quedarse atrás, no supieron adaptarse y agasajar a los protagonistas en la medida que podía esperarse. Querían ser un referente y dejaban de lado a uno de los principales puntales: la ficción. Nunca hubo premios para actores secundarios, ni jóvenes… Se limitaron a mantener el de mejor actor y el de mejor actriz, metiendo a todos en el mismo saco; de este modo había un grandísimo número de profesionales que se quedaban completamente al margen de la fiesta.
Y así han seguido. Ahora, incluso, tienen una única categoría para presentador y presentadora. ¿Tiene esto algún sentido si pretenden ser representativos?
Además, cambiaron las normas. Ellos proponían los candidatos en cada categoría, hurtando esa libertad a los votantes y obligándoles a elegir, en ocasiones, entre un grupúsculo bastante extraño.
Todo esto ha contribuido a un desinterés por parte del público y ha llevado a los premios a una triste decadencia en la que pasan casi inadvertidos. ¡Una pena!
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